La importancia de una buena hidratación

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El agua es el elemento esencial para el cuerpo humano en cualquier etapa de la vida.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el agua es esencial para el cuerpo humano en cualquier etapa de la vida porque ayuda a regular la temperatura corporal, manteniendo la piel hidratada y elástica, lubricando articulaciones y órganos y manteniendo una buena digestión.

Se recomienda consumir de 2 a 3 litros de agua diariamente, aunque las necesidades pueden variar de acuerdo a edad, sexo, dieta y tipo de actividad física una de las consecuencias adversas por falta de agua, en nuestro cuerpo, es la deshidratación, cuyos síntomas pueden ser, entre otros, mareos, dolor de cabeza, debilidad y fatiga, boca seca y falta de apetito.

Nuestro cuerpo pierde agua a través de la orina, heces, respiración y sudoración. En caso de aumentar la actividad física y el sudor contribuye a la pérdida de agua corporal.

El agua que necesitamos para cubrir los requerimientos diarios, la tomamos directamente y además, de los alimentos y bebidas que se ingieren, además de la que se produce por el metabolismo, por eso es importante que todos los días tomemos, como mínimo, 2 litros de agua.

En nuestro cuerpo, el agua cumple con múltiples funciones, entre otras, transporta nutrientes y oxígeno a todas las células, regula la temperatura del cuerpo, ayuda a convertir los alimentos que ingerimos en energía y absorber los nutrientes, realiza una labor esencial de limpieza, nos mantiene las mucosas y piel hidratadas, etcétera.

Para cada edad de la persona, se requiere una determinada ingesta de agua, esto siempre en función de diversos factores como la temperatura ambiental, los años, el sexo, la actividad física que lleve a cabo, ya que es oportuno decir, que el cuerpo humano de un adulto, tiene un promedio de un 65% de agua, y en un niño, entre un 75% y un 80’%. Cabe destacar que las células más activas, como las de los músculos y las vísceras, tienen la concentración más alta de agua.

Es oportuno también saber, que cada día, un adulto pierde aproximadamente dos litros y medio por la orina (1.500 ml), las heces (150 ml), el sudor (350 ml) y la respiración (400 ml). Por tanto, la cantidad de agua que se elimina cada 24 horas debe ser restituida para mantener el organismo bien hidratado.

Cuando existe deshidratación, ésta puede ser leve ser leve, moderada o grave, esto depende de la cantidad dependiendo de la cantidad de líquido corporal que se haya perdido o que no se haya repuesto. Cuando es grave, la deshidratación es una emergencia potencialmente mortal. De hecho, con una pérdida del 1% del agua corporal total aparece la sensación de sed, y está clínicamente demostrado que una disminución del 2% reduce el rendimiento y la función mental.

La deshidratación aumenta el ritmo cardiaco y dificulta el mantenimiento de la presión arterial. Una pérdida de un 5% de agua en el cuerpo humano es ya un claro factor de riesgo y la falta del 10 a 15% del agua, lleva a una deshidratación grave, que limita la función de los diferentes sistemas y puede causar la muerte. La sed es un mecanismo fundamental para avisarnos que necesitamos agua y así mantener niveles normales de hidratación, y nos permite recuperar las pérdidas de fluidos durante cortos periodos de tiempo.

Para aquellas personas que les cueste tomar líquido, se les recomienda tener el hábito de tomar un vaso de agua en cada una de las comidas del día (desayuno, almuerzo, merienda y cena), esto les ayudará además a favorecer la ingestión de los alimentos sólidos. 

Nuestro consejo es que para evitar la deshidratación, no esperemos a tener sed, tomemos agua regularmente a los largo del día, y en cada comida.

La buena hidratación previene posibles complicaciones, pero además, si se sufriera de incontinencia urinaria, el cuerpo tiene más necesidad de hidratación.

En las personas mayores, hay que prestar mucha atención, porque en ellas, disminuye la sensación de sed y también de apetito, y a veces, la falta de hidratación puede ocasionarles dolores de cabeza, confusión y dificultad motora.

Lic. Lydia Balbuena 

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