Basta de odio

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Samuel Luiz Muniz, un joven español de 24 años, fue asesinado el pasado 3 de julio en La Coruña. Fue brutalmente golpeado por una patota y abandonado a su suerte. La policía española aún se encuentra investigando los hechos que llevaron a su trágica muerte, pero los datos disponibles indican que fue un ataque motivado por la homofobia, tanto es así que Vanessa, una amiga de Samuel, relata que antes de comenzar la golpiza uno de los agresores gritó: “O paras de grabar o te mato, maricón”.

En la golpiza a Samuel participaron, según versiones surgidas en la investigación, unas 12 personas, quienes lo persiguieron y golpearon en un trayecto de unos 250 metros, mientras lo insultaban gritándole “maricón de mierda”. Si bien la versión oficial descartó que se trate de un crimen de odio, el hecho de que el ataque haya sido acompañado de insultos de carácter homofóbico parece contradecir esta conclusión. 

El asesinato de Samuel se produce además en el contexto de una ola de ataques homofóbicos en España. Agresiones que incluso se han agravado en el contexto del “semana del orgullo LGBT”. Según datos del ministerio del Interior de España, las denuncias por agresiones homofóbicas han crecido un 8,6% entre 2018 y 2019, pese a que ese país es uno de los que tienen una legislación más avanzada y es considerado uno de los más “friendly” para las personas LGBT. 

¿Qué son los crímenes de odio y qué los motiva? De acuerdo con Adela Cortina, filósofa española, hablamos de un crimen de odio cuando el crimen es cometido contra la persona en razón de su raza, grupo étnico, religión, orientación sexual, identidad de género, etc. Es decir, cuando el móvil de la agresión se desprende de la pertenencia del individuo a un determinado grupo humano. 

Este tipo de agresiones ocurren motivados por la existencia de discursos de odio que estigmatizan a determinados grupos sociales, sirviendo como catalizadores para que se produzcan este tipo de ataques. Adela Cortina define a un discurso de odio como: “cualquier forma de expresión cuya finalidad consiste en propagar, incitar, promover o justificar el odio hacia determinados grupos sociales, desde una posición de intolerancia” (1).

Los crímenes de odio son uno de los mayores problemas que aún enfrentan las minorías sociales. Todos los años se registran hechos de esa naturaleza en países de todo el mundo, Brasil, México y Centroamérica, están entre los países donde la violencia contra las personas LGBT se da de forma más frecuente. Incluso, las cifras que se han ido conociendo, muestran además un incremento de dicha violencia durante el año 2020. Nos afectan a todos quienes formamos parte de minorías y nos demuestra hasta qué punto quienes integramos minorías sexuales somos vulnerables a la violencia.

El odio no nace por generación espontánea, surge de los prejuicios y estos los crean las sociedades y los tramiten a las nuevas generaciones durante el proceso de socialización. Nos asombra cuando el prejuicio llega a matar. Pero sin llegar tan lejos, ¿cuántas personas encuentran justificaciones para los prejuicios? ¿Cuántos desprecian en definitiva al otro? Por supuesto, tener prejuicios no nos hace asesinos, los prejuicios y los discursos no generan de forma automática crímenes de odio, seguramente influyen otros muchos factores, pero si no contribuimos a erradicarlos permitiremos que la sociedad los preserve y los transmita a las nuevas generaciones y que contribuyan a perpetuar este tipo de violencia.

Los crímenes de odio no sólo se combaten desde el plano legal, sino que fundamentalmente debemos trabajar desde el plano de la cultura y la educación. Porque mientras la cultura siga transmitiendo visiones que discriminan a determinados grupos humanos y justificando su marginación, los violentos van a sentirse justificados por esquemas de pensamiento que han creado las condiciones para la exclusión y la violencia.

Desde nuestro colectivo, mostramos total y absoluto repudio a cualquier tipo de agresión, atentado y/o suceso de LGBTfobia, en nuestro país y el mundo ✊🏼

Nuestro derecho a ser no es el problema, el odio sí.

#BastaDeOdio

1. Cortina A. “Aporofobia, el rechazo al pobre”. Buenos Aires, Paidós, 2017.

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